martes, febrero 27, 2007

¡Es ella, sí, mi amada! ¡Es ella, sí, mi amor!
¡Oh, cúanto diera porque ella al fin lo supiese!
Habla, y no dice nada. Mas a mí no me importa.
Sus ojos dicen; son para ellos mis palabras.
¡Qué presuntuoso soy! Ella no me habla a mí.
Los dos más bellos astros que en el cielo relucen,
ocupados en algo, le ruegan a sus ojos
que en sus esferas brillen mientras están ausentes.
Si en el cielo sus ojos, los astros en su cara
estuvieran, su rostro conseguiría humillarlos
como el sol al candil; sus ojos en el cielo
darían a las aéreas regiones tanta luz
que cantarían las aves creyendo ver el día.
Mirad cómo reposa su mano en su mejilla.
Ah, si yo fuera guante de esa mano y pudiera
tocar esa mejilla.
Romeo y Julieta . W. Shakespeare
S. Prokofiev. Romeo y Julieta (1938)
sentadito en el tejado marramamiau, miau, miau
sentadito en el tejado.
Ha tenido la noticia,
que si quiere ser casado marramamiau, miau, miau
que si quiere ser casado.
Con una gatita blanca,
sobrina del gato pardo marramamiau, miau, miau
sobrina del gato pardo
sábado, febrero 24, 2007

a coger las flores de mayo y abril.
Yo soy la viudita del Conde Laurel,
que quiero casarme y no tengo con quien.
Si quieres casarte y no tienes con quien,
elige a tu guso que aquí tienes cien.
viernes, febrero 23, 2007
lunes, febrero 19, 2007

sábado, febrero 17, 2007

Pocas familias encontraremos tan ligadas al prestigio intelectual de la Alemania romántica como la de los Mendelssohn.
Moisés, el abuelo, de raza judía, supo elevarse sobre una infancia y juventud llena de privaciones, a fuerza de tesón e inteligencia. Fue un gran pensador, estudioso de Maimónides, Leibnitz, Locke, Spinoza...considerado como uno de los fundadores del iluminismo alemán, defensor de una religión natural, sin ritos ni adscripciones a credos dogmáticos y cuya actitud motivó la famosa disputa filosófica sobre el panteísmo a finales del siglo XVIII.
De los hijos de Moisés, Dorotea casó dos veces, en primeras nupcias con Simón Veit, matrimonio del que nació el pintor religioso Felipe Veit, que fue director de la Escuela de Bellas Artes de Francfort. En segundas nupcias casó Dorotea con el poeta y filósofo Federico Schlegel, promotor del movimiento romántico en la literatura alemana. La misma Dorotea era una notable escritora.
Otro de los hijos de Moisés, Abraham, luchando contra los prejuicios y hostilidad latentes contra su raza, se dedicó al mundo de los negocios con acierto. Fue primero empleado en la Banca Fould de París, estableciéndose más tarde por su cuenta, junto a su hermano José, en Hamburgo. En 1.813, huyendo de las tropas napoleónicas se trasladaron los dos hermano a Berlín, donde sus negocios prosperaron rápidamente, alcanzando una gran fortuna.
Abraham, se convirtió al protestantismo, dejando su religión tradicional, con el fin de facilitar la cerrera de sus hijos. Fue entonces cuando añadió a su apellido Mendelssohn, típicamente judío, el de Bartholdy, que tomó de unos terrenos de la familia de su mujer a orillas del río Spree. De esta forma se distinguiría a los Mendelssohn cristianos de aquellos otros familiares, incluídos los de su esposa, que profesaba la religión hebraica. La esposa de Abraham, Lea Salomon, pertenecía a una familia prusiana de banqueros y era una rica heredera cuando contrajo matrimonio. Mujer sensible, inteligente y cultivada, sumisa a la autoridad patriarcal, fue la primera profesora de música de sus hijos. Tuvo cuatro: Fanny, Félix, Rebeca y Pablo. Dos de ellos Fanny y Félix destacaron rápidamente en el mundo musicall alemán.
Con estos antecedentes familiares no carece de lógica la precocidad con que Félix Mendelssohn mostró sus dotes artísticas, realmente excepcionales.
Mendelssohn, el paraíso perdido. Andrés Ruiz Tarazona.
Félix Mendelssohn. Sinfonía nº 5 re m, op. 107 (La Reforma)
y de los Reyes de España Don Alfonso de Borbón.
Donde vas Alfonso XII, donde vas triste de tí,
voy en busca de Mercedes que hace tiempo no la ví.
Ya Mercedes está muerta, muerta está que yo la ví,
cuatro duques la llevaban por las calles de Madrid.
jueves, febrero 15, 2007
con lunares rojos para el Jueves Santo.
La Tarara si, la Tarara no,
la Tarara madre que la bailo yo.
Tiene la Tarara un jardín de flores
y si se las pido me da las mejores.
La Tarara si, la Tarara no,
la Tarara madre que la bailo yo.
viernes, febrero 09, 2007

Para para pachín. Para para pachín.
Se pusieron a jugar a la puerta de un estanco Pachín.
Para para pachín. Para para pachín.
lunes, febrero 05, 2007
El hombre, de negro, sentado en una silla negra. La mujer, de blanco, sentada en una silla blanca. Uno frente al otro. No se miran. Dirigen su mirada hacia un punto indefinido del suelo. Pasan varios minutos y la situación no cambia, sino que se acentúa, al hombre, que está a nuestra izquierda se le remarcan las sombras oscuras del rostro y el aire que le rodea se enturbia, parece como si anocheciera. Contrariamente, a la mujer, la claridad que ya poseía su rostro se vuelve más luminosa y su entorno es límpido como un rayo. Transcurre el tiempo y siguen sentados impávidos en idéntica postura, pero nos cuesta distinguirlos, ya que el hombre se nos aparece como una figura gris en un entorno ya totalmente negro y la mujer aparece recostada, casi blanca, sobre un espacio níveo, cegador. A los pocos instantes ya sólo tenemos frente a nosotros dos manchas, una negra a la izquierda y otra blanca a la derecha. Si nos alejamos un poco, veremos las dos manchas sobre un lienzo apoyado en un caballete. Si damos nuevamente marcha hacia atrás veremos al pintor enfadado, gruñendo e insatisfecho con las figuras anteriormente dibujadas a las que finalmente hizo desaparecer con un brochazo de pintura negra a la izquierda y blanca a la derecha, pero nuestra curiosidad nos vence y seguimos dando marcha atrás y entonces vemos por detrás del lienzo y caballete, ocupando toda la pared frontal una inmensa mancha de color negro a la izquierda y a su lado una inmensa mancha blanca.
ay, ay, como la luna, como la luna;
para ver los soldados de Cataluña,
ay, ay, de Cataluña, de Cataluña.
De Cataluña vengo de servir al Rey,
ay, ay, de servir al Rey, de servir al Rey;
con licencia absoluta de mi Coronel,
ay, ay, de mi Coronel, de mi Coronel.